Notas
POR QUÉ SOY UN DESERTOR

POR QUÉ SOY UN DESERTOR

Dos excesos deben evitarse en la educación de la juventud; demasiada severidad, y demasiada dulzura.
PLATÓN

Confío en el buen criterio y la tolerancia de los que se sientan ofendidos o maltratados en este país de susceptibilidades y doble moral. Desde pequeño he tenido muchos sueños, uno de ellos era entrar a la universidad de Antioquia. Después de muchos años logre hacerlo, presenté mi examen y pasé ese filtro que le permite a uno sentirse motivado, pues a la de Antioquia no pasa cualquiera. No estudia quién tenga más plata o rosca, estudia quien se lo merezca. Allí me encontré con profesores maravillosos con un concepto distinto de la educación y cultura, vivía admirado con la diversidad propia de un lugar donde el mundo está representado en menor escala; El hippie, el costeño, el trabajador, el homosexual, el loco, la irreverente, el vago, el estudioso, el rebelde, el padre de familia, el abuelo, pobres, ricos, críticos, intelectuales, rebuscadores, artistas, ingenieros, extranjeros, todo el mundo estaba allí. En el centro estaba la biblioteca que te recibía con Borges diciendo: imagino el paraíso como una biblioteca. Sí, un paraíso lleno de estantes con olor a historias fantásticas que sostienen los mundos imaginarios de García Márquez, Grass, Dostoievski, Vallejo, Machado, Cortázar, Neruda, Wilde, Pessoa, Saramago, Sartre, Camus, Shakespeare y todos los que quisieras descubrir.

En medio de todo aprendí mucho y conocí grandes amigos, pude desarrollar mi creatividad y les juro que muchos de los mejores chistes y frases humorísticas las inventé sentado en la cafetería del nueve mientras conversaba con Andrés mi mejor amigo. Como verán, mi nostalgia por esa época sigue latente y por eso será que me duele tanto lo que pasa; tal vez esa melancolía y amor por el pasado sea la que me ha llevado a escribir ahora y creo que será lo que me lleve a escribir siempre. Soy lo que llevo en mi memoria.

Sin embargo, también me di cuenta del gueto al cual querían, y creo que aún quiere vincularnos una minoría que cree que nos representa. Es que en UDEA hay varias clases de alumnos: los que van a estudiar, los que antes o después de trabajar van a estudiar y los que no saben en donde están. A estos últimos son los que aprovechan como caldo de cultivo para insertar los diferentes discursos políticos. El estudiante desinformado es fácilmente utilizado por algunos que, basados en viejas tesis de izquierda, y digo viejas porque la izquierda ha cambiado; las armas, las piedras y la intimidación no son el camino para protestar y hacer valer los derechos. Como dice Blades, ya no hay izquierdas ni derechas, somos un planeta de ambidiestros. Es que algunos piensan que el mundo tiene que vivir como ellos dicen, mensaje contradictorio ya que su máxima “lucha” es pregonar la libertad y la igualdad. Amigos, no tiene sentido imitar el proceder de los causantes de nuestra inconformidad pues corremos el riesgo de convertirnos en lo mismo que estamos rechazando, léase La rebelión en la Granja. La libertad no es obligar al otro a pensar y actuar como yo, así ha actuado el fascismo al cual ustedes repudian, ni tampoco gritar; “el que no salta no quiere a la U”, nunca salté y amo la Universidad más que muchos. Es que hay quienes por esnobismo consideran que da estatus intelectual ir en contra del sistema, sin embargo, la ignorancia los preceder pues creen que Mussolini es un tipo de pasta, que Pinochet era un puntero izquierdo de la selección chilena o que Franco era un señor muy sincero que vivía en España. Por sólo citar un ejemplo, cierto día discutía con un compañero acerca de quién era mejor si Brasil o Argentina, él decía que Argentina nunca ha dado nada bueno, le dije: pues que irónico que diga eso una persona que lleva una camisa estampada con la imagen del Che Guevara.

En la Universidad, tenía felicidades simples: discutir la obra de un autor, conversar con amigos en alguna cafetería mientras veíamos pasar a un estudiante de artes empelota con gafas negras que estaba presentando un examen final, o entrar a la biblioteca y entregarme a los somníferos sofás del tercer piso. Con el tiempo mi trabajo me impedía estar menos en el ambiente universitario y ahora sólo iba a recibir clases. Ahí empezó el dilema: ¿El trabajo o el estudio? Con dolor y desilusión me decidí por el primero. Hice al máximo por cumplir con los dos; en mi trabajo cancelaba cosas para asistir a clase, pero cuando llegaba me decían: “no hay clase porque estamos en Anormalidad Académica”. Sí señores, es un estado de letargo en el que se pueden dar clases pero no se puede evaluar. Tamaña estupidez para propiciar la anarquía, pues cada cual iba si quería y la frase era: “El profe no puede decir nada; igual cuando se acabe la anormalidad vuelvo…”. Reconozco que muchas veces me quedé en casa porque sabía que no podían recibir trabajos ni evaluar, humanos somos. Quizás por eso es que nadie dice nada, los jóvenes somos muy inteligentes pero extremadamente perezosos. Mientras esta situación pasaba, los que estábamos en la Universidad con el tiempo medido sentíamos desconsuelo, abulia e impotencia pues nos interesaba seguir mas no sabíamos cuándo, dependíamos del comunicado de la asamblea. ¡Ja! Una perdedera de tiempo donde se reúnen los estudiantes por largas horas a hablar y a cambiar el mundo entre risas, abucheos y conversaciones insulsas; era más un desahogo del estudiante soñador pero ya se perdió el sentido. La repetición hace perder interés y efecto sorpresa.

Eso se volvió la protesta universitaria: paisaje. Sabemos que no va a pasar nada, que el mundo no se va a cambiar ¿Por qué? porque seguimos haciendo lo mismo del mismo modo y en el sentido contrario. Necesitamos nuevas formas de expresarnos, más creativas, autenticas y efectivas. Para ser rebelde hay que tener pantalones, no es simplemente gritar consignas cual mayo del 68. Hagamos una revolución académica, investigativa, un movimiento que nos lleve a generar tolerancia y respeto por el otro, sólo ahí se podrá hacer la protesta sin taparse la cara.

Compañeros, también sueño con un mundo lleno de oportunidades para todos, con educación y salud gratis; un mundo donde los recursos públicos sean invertidos en el bienestar general y no para el privilegio de unos pocos. Por eso vamos por un camino equivocado, la piedra y el grito sólo nos devuelven a las cavernas. Por favor, no para-licen la Universidad afectando a quienes si queremos estudiar. Cualquier acto de violencia justificada como excusa para mi bienestar no me representa. Estoy cansado que por culpa de una minoría tengamos el estigma de tira piedras. Los invito a crear un nuevo estigma. ¿Seremos capaces? Sí, claro, el año pasado con el movimiento en contra de la Ley 30 tuvimos una luz de esperanza.

No obstante, la transformación no debe ser de una sola vía, el resto de la comunidad universitaria tiene responsabilidad. Lo que hemos hecho durante todo este tiempo es seguir indiferentes ante la situación, manifestamos nuestro inconformismo en los pasillos pero hasta ahí. Tal vez por miedo o como la gran mayoría de los colombianos por indiferencia: “eso no es problema mío”. Asimismo, las autoridades y directivas no son del todo inocentes, por años han dejado crecer el problema haciendo lo mismo. ¿Hay protesta? Entonces mandemos el ESMAD con gases y cerremos la Universidad. Señores del gobierno y directivas ¿han probado hacer algo distinto? Qué tal si un día no envían el ESMAD y vemos que pasa. No estoy diciendo que dejen desprotegida la Universidad, sino que pensemos la posibilidad de hacer cosas distintas que no tengan que ver con represión y control a través de la fuerza. Cuando el ser humano utiliza la violencia es porque ha perdido los argumentos. El gobierno siempre debe tener argumentos, tiene la obligación de promover y generar las opciones pacíficas y civilizadas para enfrentar los conflictos. Protesta ha habido y siempre habrá, la solución no es represión sino prevención a través de cambios verdaderos.

Esto no es un asunto de quién tiene la razón o quién manda, de derecha o izquierda o de culpables e inocentes. La polarización es quizás la peor herencia del mandato presidencial anterior. Así como no todo el que piensa distinto al gobierno es guerrillero, no todo el que está en contra de Chávez es Uribista. La vida se compone de variados tonos, somos más que blanco y negro. El gran reto es la construcción de una educación integral de calidad, no sólo de coberturas, sino a través de la argumentación y la acción efectiva, sin dejarnos llevar por intereses personales o nuestra naturaleza humana llena de egolatría con tendencias megalómanas. El respeto por la diferencia de criterios es lo que da el crecimiento sostenible de una sociedad que dice llamarse civilizada, cuando eso pase podemos tratar de la misma manera temas como la legalización de la droga o el matrimonio homosexual. Amanecerá y veremos.

Dany Alejandro Hoyos
Comediante


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